Esta finca residencial en Seva se concibe como una casa pensada para quedarse. Un lugar creado para compartir tiempo, conversaciones y distintas etapas de vida, donde el espacio se adapta a la vida, y no al revés.
Cuando el espacio se adapta a la vida
Hay casas que se diseñan para cumplir una función concreta.
Y hay otras que se conciben como un lugar de encuentro, de conversación y de tiempo compartido.
Esta finca residencial en Seva nace de esa mirada: la de una casa pensada para disfrutarse en compañía, para acoger distintas etapas vitales y para acompañar formas de vida que cambian, evolucionan y se enriquecen con los años.
Aquí no hay artificio ni gestos impostados. La casa se integra en su entorno con naturalidad, ofreciendo privacidad, calma y una sensación constante de refugio, sin renunciar a la proximidad con Barcelona ni a una vida activa y conectada con el territorio.
El paisaje que la rodea forma parte de la experiencia cotidiana de habitar este lugar, con rutas a pie entre bosques y caminos abiertos del Parque Natural del Montseny. En el día a día, esa conexión se completa con actividades que prolongan la calma: paseos a caballo en hípicas cercanas y jornadas tranquilas de golf en el Club de Golf Montanyà, una forma de ocio ligada al aire libre, al movimiento sereno y al tiempo bien vivido.
Todo aquí sucede sin estridencias. La naturaleza, el espacio y la vida cotidiana conviven en equilibrio, permitiendo una forma de habitar rica y plena, sin necesidad de grandes desplazamientos ni renuncias.
Un único hogar, abierto a muchas formas de vivirlo
La vivienda se concibe como un solo hogar con una gran capacidad de adaptación. Su distribución permite reinterpretar los espacios según las necesidades de cada momento vital: convivencia intergeneracional, vida familiar ampliada, coliving privado, combinación de hogar y trabajo, espacios creativos o zonas independientes para invitados.
No se trata de dividir, sino de dar margen.
De permitir que la casa se transforme sin perder unidad, coherencia ni identidad.
Los espacios de transición —despachos, pasarelas interiores y estancias polivalentes— actúan como articuladores naturales, haciendo que la vivienda pueda abrirse o recogerse según lo requiera quien la habita.
Materiales nobles que construyen atmósfera
Desde el interior, la casa transmite una sensación clara de solidez y calidez. La piedra y la madera son protagonistas, no como un gesto estético, sino como una declaración de intención.
La piedra aporta arraigo, permanencia y una conexión directa con el paisaje.
La madera introduce calidez, recogimiento y una sensación de hogar vivido.
Son materiales que envejecen bien, que no cansan, que acompañan. Espacios donde el paso del tiempo suma, no resta, y donde cada estancia invita a detenerse un poco más.
Estancias pensadas para compartir y retirarse
La casa se organiza en distintas plantas con estancias amplias y bien proporcionadas: salones con chimenea, comedor formal, despachos, biblioteca y cocinas tipo living con zona de estar, junto a suites distribuidas para garantizar privacidad y confort.
A esta organización se suman espacios de apoyo que aportan funcionalidad al día a día, como habitación de servicio y zona de lavandería independiente, pensados para que la vida cotidiana fluya con orden y discreción, sin interferir en los espacios principales.
Todas las habitaciones son en suite, reforzando la idea de convivencia respetuosa. La presencia de ascensor y montacargas facilita una vida cómoda y accesible en el día a día, independientemente de la etapa vital.
Un semi-sótano que multiplica posibilidades
La planta semi-sótano no es un espacio secundario, sino una extensión natural de la vivienda. Aquí se abren múltiples opciones: zona de juegos, salas de hobbies, espacios creativos, gimnasio, mediateca, estudio o incluso ampliación de estancias privadas.
Un lugar pensado para adaptarse a distintos estilos de vida, donde cada familia o proyecto puede encontrar su propio uso sin rigidez ni limitaciones.
Agua, bienestar y relación interior–exterior
La piscina interior climatizada se concibe como un espacio de bienestar cotidiano, utilizable durante todo el año. Incorpora zona de hidromasaje y chorros de agua, pensados para el descanso, la recuperación y el cuidado del cuerpo. Gracias a su apertura hacia el jardín, interior y exterior dialogan de forma natural, acompañando el ritmo de las estaciones.
Chimeneas, porches cubiertos y zonas de estar exteriores completan una vivienda pensada para disfrutarse sin prisa, tanto en invierno como en verano.
Una casa con identidad propia
Esta propiedad no busca definirse con etiquetas ni responder a un único perfil. Es una casa con carácter, pensada para ser habitada, reinterpretada y vivida de nuevo.
Un lugar donde el espacio acompaña a la vida, donde las conversaciones importan y donde cada estancia parece haber sido pensada para algo más que su función.
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