Una finca singular en Osona, vinculada a la memoria rural de Sant Bartomeu Sesgorgues, para quien busca recuperar una casa con historia y habitar el paisaje desde otro ritmo.
Una casa que pertenece a una memoria más antigua
Hay propiedades que se entienden al entrar.
Y hay otras que empiezan antes: en el camino, en el silencio del bosque, en la piedra que aparece entre la vegetación y en esa sensación de llegar a un lugar que no ha sido pensado para impresionar, sino para permanecer.
Esta masía histórica en Tavertet forma parte de esa segunda categoría.
No es una vivienda rural convencional. Es una finca con materia, paisaje y memoria. Una propiedad para quien entiende que algunas casas no se compran solo por lo que son hoy, sino por lo que permiten recuperar, cuidar y volver a habitar con sentido.
El peso sereno de la historia
La finca se sitúa en el ámbito histórico de Sant Bartomeu Sesgorgues, un territorio documentado desde el siglo XI y vinculado a antiguos masos, caminos y estructuras parroquiales del Collsacabra.
Las referencias patrimoniales sitúan esta masía entre los masos existentes antes de la Peste Negra de 1348, y recogen también menciones posteriores en el siglo XVI. No hablamos, por tanto, de una casa antigua sin contexto, sino de una pieza de paisaje vinculada a una memoria rural muy larga.
Aquí la historia no necesita exagerarse. Está en la piedra, en la escala de los espacios, en la relación con el terreno y en esa forma de arquitectura que ha resistido porque nació para pertenecer al lugar.
Piedra, fuego y paisaje
La vivienda principal conserva la presencia sobria de las masías tradicionales: muros de piedra, fuego a tierra, estancias amplias y una distribución pensada para una vida pausada.
La casa está mantenida, aunque requiere una actualización general. Y ahí aparece una de sus grandes oportunidades: intervenir con criterio, mejorar el confort, ordenar los usos y adaptar la vivienda a una forma de vida contemporánea sin borrar aquello que la hace especial.
Una masía así no pide una reforma rápida.
Pide una mirada.
Una distribución amplia, clara y flexible
La casa se organiza en tres niveles.
La planta principal concentra la vida cotidiana, con salón-comedor, fuego a tierra, cocina, baño y un dormitorio. Es una planta pensada para cocinar, reunirse, descansar y vivir alrededor de los espacios esenciales.
La planta superior ofrece cuatro habitaciones, un gran distribuidor que puede funcionar como segunda sala y una amplia estancia actualmente utilizada como dormitorio múltiple, con potencial para convertirse en sala de ocio, biblioteca, atelier, estudio o salón familiar.
La planta inferior, antiguamente vinculada al uso ganadero, conserva la memoria del hacer y ofrece una zona amplia con múltiples posibilidades auxiliares: taller, bodega, almacén, espacio técnico o apoyo al proyecto principal, siempre sujeto a valoración técnica y urbanística.
Vivir cerca del agua
Uno de los grandes valores de esta propiedad es su proximidad al Pantano de Sau.
Desde la finca se puede llegar caminando al entorno del pantano en aproximadamente diez minutos. Ese dato transforma la lectura de la casa: no hablamos solo de una masía en el bosque, sino de una casa de piedra cerca del agua.
Caminar al amanecer, remar, salir en tabla, leer bajo los árboles o volver al fuego después de una tarde exterior. Aquí el paisaje no funciona como decorado. Es una extensión natural de la vivienda.
Recuperar sin borrar
Esta finca invita a hacer.
A recuperar con calma.
A decidir qué conservar.
A pensar la luz.
A devolver protagonismo a la piedra.
A actualizar sin convertir la casa en algo ajeno a sí misma.
El proyecto no consiste en transformar una masía histórica en una vivienda cualquiera. Consiste en leerla bien y llevarla a una forma de vida actual: más cómoda, más clara y más personal.
Una finca para quien sabe mirar
Esta propiedad no busca gustar a todo el mundo. Y no necesita hacerlo.
Es para alguien sensible a la arquitectura rural, al paisaje y a los proyectos con raíz. Para quien valore la piedra, el bosque, el agua y el tiempo. Para quien entienda que una casa antigua no se mide solo por su estado actual, sino por su capacidad de convertirse en un lugar profundamente propio.
En Muditā Barcelona miramos propiedades así desde la arquitectura, la documentación y la forma de habitar. Sin prisa. Sin artificio. Con la voluntad de explicar bien aquello que merece ser entendido.
Una casa para recuperar.
Una finca para habitar.
Un paisaje para formar parte de él.
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